"El objetivo fundamental del Kajukenbo es hacernos sobrevivir a una agresión en la calle, el resto no tiene ninguna importancia"
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sábado, 15 de julio de 2017

La Defensa Personal en el S. XVII

Artículo publicado en la revista Karate Bushido, Abril 1990
Autor: Sylvain Salvini
Traducción: César Gómez



  El Renacimiento, es decir, el re-descubrimiento de la cultura antigua, y de la enseñanza clásica que desarrolla simultáneamente el cuerpo y el espíritu, comenzó en Italia en el siglo XIV. No es sorprendente encontrar en esta época, en Bolonia, la principal ciudad universitaria, una esgrima puede que ya muy científica.

  Los grandes espíritus que preconizaron y pusieron en marcha una educación que unía racionalmente los ejercicios del cuerpo y del espíritu, fueron numerosos, mucho antes que Jean-Jacques Rousseau !! 

  En tiempos de los caballeros estos dos tipos de enseñanza tocaban a diferentes tipos de personas; una buena cantidad de caballeros eran iletrados e incluso analfabetos; el papeleo era cosa de curas !!

  Citemos, en los siglos XV y XVI, pedagogos como Vittorino de Rambaldoni da Feitre (1378-1446), que creó en 1423, en Mantote, una escuela donde los alumnos practicaban el atletismo, la natación y los ejercicios paramilitares como la Equitación y la Esgrima; Leo Battista Alberti (1404-Paris 1472), arquitecto y pedagogo; Baltasar di Castiglione ((1478- Toledo 1529); Machiavel (1469-1527); el suizo, Ulrico Zwingli (1484-1531); el inglés, Thomas Elyot (1490-1546), anterior a John Milton (1608-1674); el francés, Rabelais (1490-1553), que desarrolló para la educación de “Gargantua” un programa deportivo y paramilitar completo, y destaquemos también en sus listas de juegos del capítulo XXII, el juego “au savatier”, del que por desgracia no explica las reglas… Un estudiante prusiano, Eustache de Knobelsdorf que escribió, durante su estancia en Paris, entre 1541 y 1542, que se trataba bien de esas las actividades de los estudiantes parisinos. Incluso podemos citar la ordenanza del 20 de agosto de 1554, tomada a iniciativa de los doctores de la Universidad de Paris, expulsando de la ciudad a todos los Maestros de Armas, porque eran la causa de la deserción de los alumnos en las aulas de clase !! Fue reportado rápidamente ya que el status de los maestros fue legalizado por cartas patentes en 1567, y por  los edictos de 1582 y 1585.

  El doctor Ambroise Paré (1509-1590), preconizaba estos ejercicios para la educación y la salud.  Montaigne (1532-1592) también aconsejaba; la carrera, la lucha, la equitación, la esgrima y la caza. Sobre la esgrima científica recordaba que en su juventud, la nobleza francesa fue reticente durante mucho tiempo a aprender los trucos, los “golpes secretos”, las “traiciones”, encontrándolas “incompatibles con la tradición caballeresca del juego franco y leal” (como dijo el Teniente Coronel Henri Carré). Montaigne escribió (el texto ha sido puesto en lenguaje moderno): “En mi infancia, la nobleza huía de la reputación de bien esgrimir como algo injurioso y rechazaba el aprenderla, como si fuera un trabajo de sutilidad derogando a la inocente y verdadera virtud”.

  Incluso los religiosos vinieron a modificar los métodos de educación; Martin Luther (1483-1546), preconizaba la lucha y la esgrima… ¿Puede que él influenciara, e incitara a los Jesuitas a utilizar “juegos” en sus programas educativos (1599)?

  Si se esta sorprendido por no ver figurar el pugilato entre los ejercicios educativos (bien que el término “lucha” era muy extensivo y podía englobar otras muchas cosas tal y como muestran los antiguos tratados de esgrima) hay que recordar el dicho: “juego de manos, juego de malvados” y también que en Occidente, todas las enseñanzas, todos los juegos (es decir, “deportes”) son objeto de competiciones, de afrontamientos individuales o por equipos. 

  Hemos hablado de la Soule, ese ancestro medieval del rugby y del fútbol, que se practicaba, según los lugares, a puñetazos, patadas, palazos e incluso todo junto. Jean-Jules Jusserand, en su libro “Los deportes y los juegos de ejercicio en la antigua Francia” (1901), señala que en Vallognes, en Normandía, la “soule” se llamaba: “la savate”, debido a las patadas que se utilizaban. Pelearse a base de patadas, de puñetazos…era cosa de gentes ordinarias. Aunque se aprendiera, no era algo bueno, durante estos siglos, digno de ser expuesto en los libros; libros que estaban destinados, de hecho, a una franja de población de un nivel digamos “más refinado”.

  Jos, Dúchense, señor de “la Violette” quien, no parece ser médico, escribió un voluminoso libro editado en Paris en 1606, “”El retrato de la Salud” (“Le Pourtraict de la Santé”); inspirado en diferentes obras, entre las que se encontraba la de Girolamo Mercuriale (Venecia 1569) que trataba de todos los deportes antiguos y añadía notablemente el trabajo con los aparatos de gimnástica (que no encontraremos en Paris hasta principios del siglo XIX, en el gimnasio del Coronel Amorós); el de Julios Scalinger, etc….para preconizar diferentes actividades beneficiosas para la salud. En el capítulo XI (“del ejercicio y del reposo”), después de haber hablado sobre la lucha antigua, que aprueba y considera semejante a “las luchas de Gascoña, de la Baja-Bretaña y de otros lugares”, pasa al boxeo (pugilato), al Pancracio y a las danzas. Escribe (texto trascrito en lengua moderna); “…el tercer ejercicio de los antiguos era el Pugilato, donde los pugilistas, en los torneos se batían a golpes de puño, con guanteletes, hasta que el enemigo estuviera en el suelo o se le dañara de tal manera que se rindiera; es lo que llamamos pelearse a golpes de puño, es un rudo e indecente ejercicio, muy común en Francia entre los lacayos y otros tipos de canallas, es un tema que merece ser olvidado que aprendido, y no debe hablarse mas de él.

  “De este ejercicio de golpes de puño y el de la lucha, se compuso un tipo de combate, lo que los ancianos llamaban Pancratium (Pancracio), y los combatientes pancracistas, ya que aquellos a los que así se llamaba, bien dando golpes de pierna, de rodilla, de dientes, uñas (inexacto en los dos últimos puntos en principio, prohibidos) y todas las armas de su cuerpo, que podían emplear, se lanzaban de esta manera contra su enemigo para vencerle. Coelius atribuye la invención a Teseo cuando asaltó en Creta sin gladio al Minotauro; sea como fuere, es un ejercicio del que los lacayos saben muy bien servirse hoy en día, que no olvidan con el puño, cuando se baten entre ellos, emplear los dientes, y los pies, y las rodillas, sirviéndose de todos sus miembros para vencer a sus compañeros. Este bello juego fue introducido en la 28º Olimpiada. Es común en esta ciudad de Paris conde acuden infinitos maleantes, para ser espectadores y juzgar al mas valiente.

  “El cuarto más grande y usado ejercicio de la antigüedad, eran las danzas (…) con el fin de saber cuanto este ejercicio aún está en nuestra Francia, y casi por todo el mundo tan frecuente y usual, ha sido igualmente tenido en particular recomendación desde siempre”.


  Durante el siglo XVII las costumbres evolucionaron y es así como el maestro luchador Nicolas Setter, en su tratado de lucha, publicado en Ámsterdam en 1674, y que contenía 71 grabados de Romaní de Hooge, no duda en poner las prácticas populares, par la defensa personal, en las manos de las “gentes de bien”. Podéis observar aquí 9 grabados particularmente sugestivos, extraídos de ese libro y reducidos en un 41%; acompañados de notas explicativas para la correcta comprensión de las presas que podrían no ser evidentes. Sobre estos grabados, se ve a un elegante joven hombre defendiéndose con ciencia, con el puño y la pierna, contra un malandrín. 

  Poco antes de este libro tuvo lugar la Revolución inglesa, que a pesar de haber abortado, modificó considerablemente las relaciones entre “clases”: el palo largo, el boxeo, la lucha, comenzaron a “ennoblecerse”. Al principio del libro, en holandés, de Nicolás Setter, que tenía por título “Claras instrucciones sobre el magnífico arte de la lucha, tratando de la manera de conducirse en todos los casos de riña y agarre del cuerpo”, esta escrito, en la traducción en francés aparecida en Leyde en 1712: “…Muchos hicieron todo tipo de esfuerzos en defenderse de la manera más segura de todos los ataques de los malvados lacayos. Con esta visión, este célebre autor, nunca se ha visto nada parecido en el mundo, a aplicado su espíritu para encontrar buenos trucos de habilidad y de flexibilidad por los cuales podamos defendernos contra todo tipo de insultos, defensa contra las patadas o puñetazos, e incluso contra los golpes de cuchillo y desviar hábilmente todo tipo de males. (…) Los más desrazonables y más determinados lacayos, cuyo caliente cerebro no puede calmarse con ninguna razón, de ordinario son fuertemente propensos a meterse en los mayores peligros, y creen que ninguna querella fuese ella de las más ligeras, no podría ella terminarse sin tirar del cuchillo, en lo que hay un fuerte peligro. Afín de que las gentes tranquilas y pacíficas puedan guardarse de esos golpes de cuchillo, cuando les sucede ser atacados, pueden oponerse de las siguientes maneras…”.

sábado, 1 de julio de 2017

La Defensa Personal en el S. XVI

Artículo publicado en la revista Karate Bushido, 01-02/1990
Autor: Sylvain Savini
Traducción: Cesar Gómez

  Reproducimos aquí algunos grabados sacados de los 87 del tratado de Fabian Von Auerswald, editado en Wittemberg en 1539. La calidad y la precisión de los dibujos hacen que, según algunos, sean atribuidos a Lucas Cranach o alguno de sus alumnos. También se pueden comparar a los de Albrech Dürer ¿puede que él mismo se hubiese inspirado en el maestro Fiore dei Liberi?
  En todo caso, estos documentos muestran el alto nivel de la lucha de “defensa personal” en la Europa de estos tiempos; con técnicas en el más puro estilo del Pancracio antiguo !! Sin duda alguna, eran comunes en todas las luchas celtas, suizas, etc… de las que tenemos muy poca documentación, pero cuyos encuentros públicos anuales están atestados desde la Edad Media.
  ¿Todo esto, no era un tipo de Judo y Jiu-Jitsu primitivo?
  No traduciremos las lecturas ya que la mayoría de los lectores poseen conocimientos en Judo, Jiu-Jitsu, Lucha, Aikido, etc… Es evidente que en un espacio limitado un buen luchador tiene, a menudo, una gran ventaja sobre un “golpeador”; eso es generalmente lo que muestran los encuentros oficiales de este tipo.

  En materia de deportes de combate-artes marciales, la falta de documentos entre la Antigüedad y finales de la Edad Media solo nos permite fantasear e imaginar, careciendo de datos históricos. Desde la Prehistoria, desde siempre, en todos sitios, los hombres se han “esgrimido” con sus armas de una manera más o menos científica; también han luchado a cuerpo desnudo o con piezas de vestiduras que permitían unos agarres más seguros, pero las anécdotas que conciernen a los encuentros no pueden informarnos sobre la ciencia de los combatientes.

  Saber que los luchadores de la corte de Bourgogne fueron famosos en tal ocasión, que Duguesclin era un buen luchador, que el equipo de seis luchadores británicos batió al equipo francés en el “Camp du Drap d’Or” (en junio de 1520), o que tal luchador bergamasque desafió a los luchadores de la corte de Dinamarca, no tendría más interés para nosotros que la bíblica lucha de Jacob contra el ángel, si, respecto a estas épocas, no tuviéramos los tratados de combate que nos muestran el alto nivel técnico ya alcanzado.

  En cuanto a los combates sin armas, las convenciones han variado de un país o una región a otra, dando nacimiento a diversos “estilos”, que contenían en el fondo una buena cantidad de técnicas semejantes; ciertos “estilos” han llegado hasta nosotros aunque, por supuesto, evolucionando con influencias recíprocas.

  Por ejemplo, en Francia encontramos, en el Jura, la práctica de la lucha “con calzón” (estilo cuyas competiciones están registradas en Suiza desde la Edad Media, sobretodo en Interlaken. Un texto la llamaría lucha “Schwingen” o “balanceando”); en Armorique, durante los “perdones” (palabra que designa los encuentros “corteses”) los jóvenes se afrontaban aún a principios de siglo en lucha llamada “bretona” (muy cercana a las luchas británicas cuyas variantes señalan Cornwall, Devon, Lake district, Cornish, Cumberland…); desde 1612, de una manera continua existen en Cotswold unos juegos “olímpicos” que contienen, entre otros deportes folklóricos, un encuentro de este estilo, llamado “Shin-Kicking” (golpes de pie en la tibia), llamado así porque los combatientes comienzan intentando zancadillearse con patadas (como en Judo o como sobre los grabados extraidos del tratado de esgrima de Fabian von Auerswald de 1539) sin miramiento alguno sobre las tibias. Curiosamente, en el último siglo, existía una lucha semejante en la Sardaña recordada por el general La Marmora en sus escritos; en el “Midi”, se encontraba la lucha con las palmas de las manos “desde la cabeza hasta la cintura”, que tiene ahora todos los honores en los Juegos Olímpicos bajo el nombre de “grecorromana” (al principio, fue denominada “lucha francesa” y “lucha romana”).

  Recordemos que en la antigüedad, los documentos que poseemos, y sobretodo el hecho de que hubiera competiciones reales y continuas durante más de 1000 años únicamente en el mundo greco-romano, nos permiten afirmar que en aquellos tiempos se consiguió alcanzar el “summun” de la eficacia; tanto en Pancracio, como en Lucha o Boxeo puro, y puede que incluso en Esgrima. En esto, la competencia y la experimentación continua jugaron un papel importantísimo, en la práctica, nuevas técnicas evitaron sin duda alguna las fantasías “académicas” sin eficacia real. El fin de las competiciones condujo, con seguridad, durante siglos a una regresión en este tipo de actividades.

  ¿En que, la Esgrima con armas, que encontramos en pleno desarrollo en los más antiguos tratados de los Maestros de Armas del siglo XIV, era más científica que aquella practicada por los caballeros con armadura? A pesar de que se conocía con el nombre de “Ciencia de las Armas”!!

  En primer lugar porque era un todo que englobaba el aprendizaje de todas las armas, y la forma de combatir contra ellas sin armas, y que esa enseñanza se dirigía a hombres generalmente desprovistos de armadura que no podían contar más que con su habilidad y su inteligencia en la utilización de las armas (o incluso su vestimenta) para alcanzar la eficacia máxima, tanto en defensa, como en “ofensa”.

  Los dibujos medievales o las películas históricas han grabado en nuestro espíritu una imagen de señores o de caballeros vestidos siempre con sus cotas de malla y sus armaduras; de hecho, solo se las colocaban para la guerra y los torneos (y eventualmente, para los entrenamientos), lo que era, muy poco tiempo cuando sabemos que un caballero, llamado por su soberano, tenía que prestar un servicio que no excediera los 40 días al año. No obstante, para ellos, y según sabemos y suponemos, el entrenamiento tenía esencialmente como objetivo de darles la potencia y la destreza necesarias para destruir a sus semejantes, tan acorazados como ellos mismos. Así que lo importante era el utilizar con destreza la lanza, golpear con fuerza en movimientos de corte más que de estoque, con la espada, el hacha o la maza de armas; saber parar con el escudo, o eventualmente amortiguar los golpes con la misma armadura…como hoy en día, en el Boxeo, cuando hay que encajar un golpe que suavizamos con movimientos de cabeza o del cuerpo (o bloqueamos) con el fin de poder colocar un golpe más potente sobre el descubierto adversario.

  Diversos autores han supuesto que los caballeros, al estar completamente protegidos, no se molestaban en parar los golpes con su arma, y por eso habrían ignorado ese elemento de base de la esgrima; sin duda se trata de una gran exageración! El manejo del palo largo (o de la pica) era la base de la esgrima de todas las armas desde la Prehistoria, y esta práctica ha sido constante durante siglos; así que es muy improbable que los jóvenes “nobles” no hubieran comenzado por ahí durante su juventud, con asaltos de palo en los que se necesita imperativamente saber utilizar toda su longitud para efectuar paradas eficaces; así que, aquel que ha tenido esta práctica en su juventud, instintivamente aplicará los mismos principios cuando tenga una espada en la mano (sobretodo la pesada, de dos manos), pero por supuesto, sin la finura y la destreza de un esgrimidor “científico”. Seguramente no se enseñarían golpes complicados, perfectamente inútiles con espadas pesadas que debían ser capaces de dañar las armaduras. En cambio, el trabajo de fintas y engaños, en la medida que lo permitiesen las pesadas armaduras, ya debía de practicarse, y esto desde la Prehistoria. 

  Lo que diferenciaba a los individuos era su grado de coraje, valentía…dejemos a los soñadores de “esoterismo” imaginar enseñanzas secretas y refinadas, dadas por ejemplo a los Templarios u otros monjes guerreros al abrigo de los muros de sus conventos…esto se suma a las divagaciones sobre los “Grandes Maestros Desconocidos” o de los “extra-terrestres” dispensando su “luminoso saber” a los iniciados. A propósito de los Templarios digamos que la Regla les obligaba, bajo pena de expulsión, a aceptar el combate hasta con tres enemigos a la vez; esta también les prohibía desenvainar la espada contra un cristiano, fuera el que fuese; fue sin duda esta restricción la que impidió a los Templarios franceses resistirse, cuando todos los monasterios de Francia fueron invadidos por los hombres de armas del Rey Felipe Le Bel, en ese famoso día, 13 de octubre de 1307, en lo que puede que fuera la más magistral encerrona de la historia.

  Recordemos que para convertirse en “Hermano de la Milicia del Templo”, había que ser adulto y caballero ya formado; en el Temple, debido a la vida en comunidad, los jóvenes aprendían de los viejos las astucias del combate, nacidas de la experiencia, pero esta transferencia de conocimientos en una época en la que el libro no existía, aún era muy común en las profesiones artesanales.

  Según los diversos tratados vemos que la enseñanza era de conjunto durante el siglo XV, principios del siglo XVI, no obstante desde esta época la espada se beneficia de un estudio más avanzado que las otras armas; desde hacía un milenio se la había honorado y simbolizado enormemente. El maestro Fiore dei Liberi puso en evidencia en su tratado las cualidades que hacen a un buen esgrimidor: “Prudentia – Celeritas – Audatia – Fortitudo… La prudencia del lince, la velocidad del tigre, la audacia del león y la resistencia del elefante” Parece haber sido el primero en recortar el espacio en 7 líneas que se unían en el ombligo del adversario; línea que delimitaban las zonas y las direcciones de golpeo, a las cuales da diferentes nombres para facilitar así la enseñanza. La espada, ella misma, estaba descompuesta en cuatro partes; la empuñadura (de la guardia hasta el puño) y las 3 partes de la hoja; la fuerte, la media y la débil, cuya importancia en la acción fueron puestas en evidencia.

  Los maestros italianos, considerando al hombre siempre con vestimenta de calle, al principio sustituyeron, para la defensa, el escudo por la utilización en la mano izquierda de una segunda espada, de un puñal, o de una parte de la vestimenta sobre el brazo (como ya hemos visto que se hacía en la Antigüedad). Con las dos manos armadas se trabajará durante el transcurso de muchos años; los cambios de guardia (pie derecho o izquierdo adelantado), las “vueltas”, las “cavaciones” (“contracavacion”, “recavación”, “media cavación”…), girar, avanzar, cerrar, levantar, deslizar, reconducir, cortar, las combinaciones, etc…se añadirán un gran numero de fintas, los “hormigueos” de hoja, los “tirones”, todas las variedades de esquivas, de paradas y de cambios de “apariencia”; una multitud de términos designarán todo esto…estará muy bien visto, en el extranjero, mantenerlos en italiano, al menos los principales.

  La superioridad de los golpes de estoque sobre los golpes de talla fue redescubierta (conocida por los romanos) y demostrada; permitían, efectivamente, por su velocidad y precisión sobre los puntos “mortales”, tocar exponiéndose lo menos posible. Se trabajará el combate en la “medida” larga y estrecha, con preferencia por la primera. Los golpes de talla seguirán utilizándose mientras que las espadas continúen teniendo un corte afilado y en el caso del sable, cuando se pongan de moda en el ejército; se abandonarán en la esgrima académica del florete (nacida en Francia a finales del siglo XVII), excepto por los “coupés”. 

  La importancia del trabajo de la mano, desde los orígenes de la esgrima de estoque, será muy grande, y el agarre del arma “a la italiana” (índice cerrando la guardia, aún utilizado en la actualidad, con las modificaciones necesarias para protegerlo de los golpes deslizantes) asegurará una mayor precisión en los golpes de estoque, y un aumento de la potencia en los de talla. 

  La enseñanza de los Maestros tenía una parte psicológica, era personalizada según la altura del alumno, y su velocidad; aprendía a comportarse ante adversarios de naturalezas débiles o fuertes, rabiosos o cobardes, etc… Todo esto no podrá trabajarse más que con armas ligeras, nacidas en el siglo XV, permitiendo todas las finuras del “doigté”.

  El “summun” del arte de la esgrima con espada (para el combate) se alcanzó, sin duda alguna, en el siglo XVI y principios del XVII; solo esta esgrima merecerá verdaderamente ser calificada de “científica”.

martes, 7 de febrero de 2017

Las Guerras de Puños y Palos (Parte 2)

Artículo publicado en la revista Karate Bushido, Enero 1991
Autor: Sylvain Salvini
Traducción: César Gómez

Figura 1
 Si no conocemos muchos detalles sobre el entrenamiento de los combatientes, así como sobre las peripecias de los combates con palos y puños antes de los últimos siglos de la Edad Media, es por culpa de la rareza de los escritos “civiles” y el poco interés que tenían en estos temas los clérigos (ellos tenían la pluma) sobre estas actividades consideradas segundarias. Que veamos como origen de estos “juegos” una continuación del entrenamiento de las antiguas legiones es, me parece a mi, más que probable; incluso, el hecho de que se hayan mantenido en el pueblo veneciano hasta casi el fin de la República, es sin duda alguna a causa del sentimiento de libertad que animaba a estos ciudadanos. En los otros Estados, antes del fin de la Edad Media, vemos a un ejército cada vez más compuesto de soldados mercenarios, de “condotte” (con los riesgos que esto conlleva), quitándo así al pueblo la preocupación de la defensa, pero llevando sin duda al pueblo a un desinterés por las actividades o “juegos” con carácter guerrero (para desesperación de Maquiavelo…); lo que explicaría que estas practicas hayan subsistido y florecido únicamente en Venecia.
  Con toda certeza es a partir de estos afrontamientos populares que hay que ver el nacimiento (paralelamente a estas actividades) de los “torneos” de caballeros, hacia el siglo X, en el momento en el que los “miles” (los militares, los caballeros) se distinguían del pueblo para acercarse a la “nobleza”. La vulgarización de los “duelos”, o de las “melés”, con palos y escudos, y también sobre lo que decíamos anteriormente sobre el duelo de los Lombardos.

  Voltaire, con su inmensa erudición, probablemente se había dado cuenta de esto cuando escribía esto, en “les moeurs”, en el capítulo de los torneos:
“…Los juegos guerreros comenzaron a nacer en Italia durante los tiempos de Teodoro, que abolió los juegos de gladiadores en el siglo V, no prohibiéndolos con un edicto, sino reprochando a los romanos estas costumbres bárbaras, con el fin de que aprendieran de un Goth la humanidad y la amabilidad. Enseguida surgieron en Italia y sobretodo en el reino de Lombardia, los juegos militares, pequeños combates a los que se llamaba “bataillole”, cuyo uso aún se conserva en las ciudades de Venecia y Pisa. Rápidamente pasó a las otras naciones…”
  Precisemos que en este texto, los “romanos” eran todas las personas del Imperio romano, no germánicos, es decir: los italianos, griegos, hispánicos, etc… o “magrebíes” ! Que quede claro ! Cuando Voltaire hablaba de Pisa, pensaba en el “juego del puente” que se celebraba anualmente y que, originalmente del siglo XII, eran una especie de torneos populares sobre una plaza de la ciudad, pero que se habían trasladado desde la Edad Media sobre el puente que cruzaba el Arno. Consistía en que dos equipos  se batieran para empujar un carro desde un lado al otro del río, es decir, en el campo de una u otra facción…Este juego era un poco diferente de los combates venecianos, que eran parecidos y puede que tan frecuentes como nuestros combates de boxeo. El “juego del puente” de Pisa continua actualmente, es una actividad folclórica que se celebra en el mes de junio.

Figura 2
  Las guerras de puños y palos de Venecia, dicen la mayor parte de historiadores, se celebraban desde septiembre hasta Navidad, de hecho no era cierto más que durante el siglo XVII y principios del XVIII en referencia a las “guerras de puños” (a pesar de que durante ese mismo periodo hubo encuentros fuera de esos meses, por ejemplo el del 26 de febrero de 1687 (fig.3) sobre el que se compuso una canción a la gloria de los Nicolotti, vencedores ese día), ya que si nos fijamos bien en la crónicas que registran esos célebres encuentros, por la calidad de los asistentes o por los accidentes mortales que se produjeron en esas ocasiones, nos damos cuenta de que hubo, en siglos precedentes, en cualquier momento del año. Incluso en lo que concierne a los puentes utilizados, los hubo ocasionales, y alrededor de cinco o seis habituales cuyos nombres aparecen a menudo en los textos. Varios de ellos, debido a la frecuencia de los combates, fueron apodados “puente de la guerra” o “puente de los puños”; solamente dos conservaron esas denominaciones: el puente de Santa Fosca o “Ponte della Guerra” y el puente de San Barnabá o “Ponte dei Pugni”. Este último fue, de lejos, el más célebre porque se utilizó sin discontinuidad durante siglos (fig.1, grabado del siglo XVII: “Melé con los puños sobre el puente de San Barnabá”). Sobre este puente de piedra (ahora provisto de barandillas), cuya superficie superior forma un cuadrado de un poco menos de 4m de lado, aún pueden verse en los cuatro ángulos, encastrada en la calzada, una “huella” en mármol sobre la que el combatiente colocaba su pie adelantado, esperando la señal de inicio del combate (esto para los combates individuales y también por parejas, ya que los hubo en algunas ocasiones como en los combates de “Catch” actuales…pero sin “acuerdos previos”). La superficie de la que disponían los combatientes era suficiente (alrededor de 15 m2) y curiosamente semejante a la acordada en Japón a los Sumotori: por supuesto, no es más que una coincidencia.

  En cuanto a las “guerras con palos”, igual que para aquellas sin armas, los desafíos se hacían ceremonialmente igual que en los torneos. Se ponían de acuerdo sobre la elección de los “paregni” (los padrinos) que eran el equivalente de los jueces de armas en los torneos. Los padrinos se ponían de acuerdo sobre la fecha, la elección del puente, el respeto de algunas convenciones simples respecto a las armas. Se aseguraban de que el caudal de agua bajo el puente era suficiente para amortiguar las caídas; y en ocasiones hacían dragar el canal por ambos lados del puente.
  El día del combate, los equipos llegaban con banderas e insignias a la cabeza al sonido de tambores y flautas. Durante todo el tiempo del combate (que duraba todo el día) la música se tocaba junto a las aclamaciones de los animadores y del público, para animar así a los combatientes. La gente se apiñaba sobre los muelles, ocupaba todas las ventanas (bajo pago) de las casas vecinas y cubría igualmente los tejados; incluso el canal, todo lo lejos que llegaba la vista, estaba cubierto de góndolas, unas junto a otras, llenas de espectadores (fig.2, grabado de G. Franco del siglo XVI). Cuando las góndolas estaban demasiado cerca del puente, algunas personas que caían, se quedaban debajo y se ahogaban antes de ser repescadas; de vez en cuando esto se menciona en los escritos. En cuanto a la gente y a los combatientes, la excitación por estos encuentros era tan grande que aparte de las lesiones; brazos o piernas rotos, ojos fuera de sus órbitas, pechos hundidos, también sucedía que algunas personas murieran asfixiadas o pisoteadas…pero no en cada encuentro, ni cada año. Había cosas peores, a pesar de los decretos, renovados sin cesar, amenazando con las galeras o con las mazmorras para los delincuentes, los partidarios lanzaban piedras o tejas sobre el equipo contrario, y las crónicas mencionan muertes por esta causa…incluso se prohibieron encuentros por el Gran Consejo, como castigo a los accidentes ocurridos en el encuentro precedente (algunos años en los que hubo prohibición, lo que muestra la dificultad en controlar a los partidarios: 1452, 1454, 1457, 1510, 1541….).
  Aunque en un principio los padrinos se aseguraban de supervisar las armas elegidas, sucedía que en las melés algunos cobardes utilizaban puñales o estiletes… Cada equipo tenía entonces su “puesto de socorro” en el que se curaba a los heridos, se ponía en forma a los combatientes, que partían de nuevo al asalto: ¡ las melés duraban horas !  Y, sin duda, debía ser difícil supervisar el buen comportamiento de cada combatiente.
  El objetivo de la melé era el echar fuera totalmente a todo el equipo adverso utilizando todos los medios posibles, y llevar a la “piazzola” del puente las banderas de su equipo. En los combates individuales, que precedían la melé general, se trataba de que los campeones mostraran su destreza y su fuerza, dejando fuera de combate al rival o de enviarlo al canal, aunque lo más apreciado del público era la melé.
  En la “guerra de palos” se combatía con palos, escudos, corazas y cascos; parece ser que a partir del siglo XV (a partir de esa fecha tenemos numerosos grabados y cuadros sobre este tema) se comenzaron a utilizar cañas de bambú o bastones más ligeros, igualmente llamadas “cannes”, reduciendo las protecciones. Pero también vemos la práctica malvada, ilícita (?), de sacar punta a los palos, en las dos extremidades, de forma que pudieran utilizarse más eficazmente en estocadas; incluso se dice que se endurecían las puntas utilizando fuego o aceite hirviendo (?); hubo decretos que prohibían estas prácticas que causaron muertos y graves accidentes, pero parece que quedaron en papel mojado si juzgamos el último encuentro de 1574 que acabará prohibiendo los combates con armas.

Figura 3
  En el siglo XVI muchos combatientes no tenían como protección más que una sábana enrollada alrededor del brazo izquierdo. Esta equitación nos hace recordar los juegos de los egipcios 4000 años antes. La última “guerra con palos” está fechada el 26 de julio de 1574: fue esta precisamente la que tuvo lugar en presencia del Rey de Francia, Enrique III. Entre todos los festejos previstos para honrar al ilustre invitado de la República, estaba previsto el espectáculo de una “guerra”. El Gran Consejo, queriendo evitar los inconvenientes “errores”, había recomendado particularmente a los jefes de los Castellani y de los Nicolotti el vigilar que se respetaran las reglas, sobretodo en materia de palos puntiagudos; e incluso con la población con el fin de que se moderase el exceso de entusiasmo en lo que a lanzamiento de proyectiles se refiere. A pesar de las amenazas de “galeras y multas”, no hubo manera de evitar asistiendo a una de las más encarnizadas “frotta” (melé) que recordaban los venecianos; la melé duró más de 3 horas, los equipos estaban compuestos por 200 combatientes, según unos, 300 según otros. En esta batalla un combatiente  se cubrió particularmente de gloria; un tal Luca Pescator (Lucas, el pescador), del campo de los Nicolotti. Hubo una decena de muertos entre los combatientes y el público y una gran cantidad de heridos que se llevaron al convento de las Carmelitas, que era el campo de unos; o a las dependencias del Palacio de Foscarini, que era el campo de los otros. Enrique III, que asistió a la batalla desde el balcón del Palacio Foscarini, expresó su desaprobación  diciendo que: “Si se trataba de una guerra, había pocos muertos; pero para un juego era verdaderamente algo de una extrema crueldad”. Entonces, el Gran Consejo decidió prohibir los combates con armas, otras que no fuesen las naturales; las “guerras de puños”, aunque degeneraban en combates de Pancracio, habían creado menos problemas en el pasado…pero no sucederá lo mismo cuando se convertirán en el único medio de afrontamiento entre Castellani y Nicolotti.


viernes, 13 de enero de 2017

Las Guerras de Puños y Palos (Parte 1)

Artículo publicado en la revista Karate Bushido, Diciembre 1990
Autor: Sylvain Salvini
Traducción: César Gómez

  Las “guerras” de puños y palos, que tenían lugar en Venecia en combates públicos, remontaban, según una tradición muy antigua, a alrededor del año 800. Paralelamente a ellas existían los combates a mano desnuda, al boxeo y a la lucha (digamos, al Pancracio…), un poco más codificados, también testificados de forma continua y legal, desde el año 1292 hasta 1574 en el caso de los “palos”, y hasta el año 1705 para los “puños”. Después de estas fechas continuaron celebrándose, pero ya no se trataba de las “melés” generales que tanto gustaban al público (fig: 2, grabado del siglo XVI de Giacomo Franco, 1550-1620, mostrando la melé con palos; fig: 3, melé con los puños). Hay que destacar que estos combates, con puños o con palos, también existieron en Sienna desde el año 1291 según Manzi. Ya indicamos (Revista Karate nº 158) que en esta ciudad, y bajo la influencia de San Bernardino, solo se tolerará el boxeo después del año 1400, sin durar tanto como en Venecia, y los afrontamientos públicos entre los campeones de diferentes barrios se harán a través de carreras de caballos montados a pelo; carreras que han llegado hasta nuestros días, los famosos “Palio”.
Figura 1
  Todas estas prácticas, en realidad, eran entrenamientos militares populares, favorecidos o promovidos por las autoridades de las comunas libres, con el fin de estimular el espíritu guerrero de la población y con la intención de convertirla en apta al combate por la ciudad, como en las ciudades de la Grecia antigua. Por otra parte, el hecho de mantener un cierto antagonismo entre los barrios de una misma ciudad (lo que parece haber sido bastante común en las ciudades italianas) ofrecía otra ventaja; mientras que la gente pensaba en pelearse entre ellos, no pensaban en unirse para protestar y controlar a las autoridades…Esa lección no se perdió, cuando consideramos que hoy en día, se consigue dividir al pueblo en partidos (con nebulosos programas cambiantes a medida que llegan las elecciones) con el fin de asegurar “buenos puestos” a todo un mundo de politicuchos corruptos o representantes de grupos ocultos…Es cierto que el gobierno de idealistas puede generar a veces algunas catástrofes, así nos lo enseña la historia del mundo…Cuando durante el transcurso de los años, en Venecia, las familias patricias monopolizaron el ejercicio del poder, ellas no suprimieron las libertades, otras que la política…y no desarmaron al pueblo como hicieron los regímenes feudales. Como divertida curiosidad, podemos señalar un decreto del Gran Consejo del 20 de febrero de 1567 (ref. Codex Cicogna 2991. II. 18 Bibl. Correr) que castigaba con 2 años de galeras y 200 liras de multa, aquel que fuese detenido andando por la calle con…más de dos armas !!

  Obligados por las invasiones, los habitantes de las ciudades del norte de la laguna emigraron poco a poco a las islas centrales que formaron Venecia (el primer “doge” fue elegido en el año 709). Había dos ciudades vecinas, Iesolo y Heraclea, se dice, enfrentadas permanentemente en peleas y batallas y cuyas poblaciones fueron a instalarse en Venecia, una en los islotes del Oeste, y la otra en los del Este, trayendo consigo a la ciudad su viejo antagonismo. El Gran Canal aún no ejercía sus funciones de frontera entre las dos “comunidades”, esto vino mucho después. Cuando, en 1169, la ciudad fue dividida en seis “sestieri” (sestier = distrito 1/6 = barrio; cada uno de ellos contiene una cierta cantidad de parroquias), a la gente de los “sestieri” orientales se les llamó “Castellani”, debido a que uno de sus barrios se llamaba “di Castello” (“del castillo”), y a los de los “sestieri” occidentales, “Cannazuoli”, probablemente por el barrio “Cannareggio”, y no por el nombre de las “cannes” utilizadas en los combates con palos. Geográficamente, los “Castellani” estaban, en realidad, en aquellos tiempos, a caballo entre una parte oriental del Gran canal, por el barrio “Dorsoduro”, que se encontraba sobre la orilla del lado de los “Cannazuoli”. Entonces, en 1307 (según P. Molmenti; 1311, según G. Tassini), debido a un diezmo “de muertos”, que debía pagarse al obispo, cuya parroquia San Pantalón de ese barrio se negaba a efectuar el pago, al considerar que había obtenido una exención perpetua del obispo precedente (esta desobediencia había dado lugar a que otras cuatro parroquias también se negaran a pagar). Hubo manifestaciones y una refriega en la que falleció el obispo Ramberto Polo.

Figura 2
  Este hecho sucedió cerca del “Rio” (canal), citado por Malcantone y aún hoy día puede verse, en un jardín privado situado junto al canal, una pequeña columna sobre la que se encuentra una estatua muy erosionada, representando a un cura, señalando probablemente el lugar del asesinato. Como consecuencia, estas cinco parroquias fueron excomulgadas, y entre ellas la de San Nicolo dei Mendicoli, que había sido la más encarnizada durante la batalla bajo la dirección de su “doge dei Nicolotti” (una especie de tribuno del pueblo, como en la Roma antigua, que existía para moderar en las decisiones de los gobernantes), de la cual vendrá el nombre de “Nicolotti”; nombre que al principio los Castellani lanzaban como un insulto a sus adversarios y que más tarde se impondrá al conjunto de los Cannazuoli, después de la batalla del 21 de octubre de 1548 en el puente San Barnaba, como explican diversos historiadores (ej: Polpeo Molmenti. Según una obra reciente, Bianca Tomassia Mazzarotti, “Feste Veneziane”, cap. III, Ed. Sanson, Florencia 1961). Las cinco parroquias excomulgadas se desentendieron de los Castellani y, en los combates de puños y con palos, aportaban su ayuda a los Canaruoli; comunidad con la que no tardaron en fundirse. A partir de esta fecha, 1307 (?), el Gran Canal (esta espléndida vía triunfal, ahora de una longitud de 4 km, bordeada de unos 200 palacios patricios con una misma anchura entre fachadas (60-70 m) que los Campos Elíseos de París) será la separación entre los Castellani y los Nicolotti, y esto durante siglos hasta principios del s. XIX. En ese momento, sin duda a causa de la ocupación extranjera, desaparecerá ese viejo antagonismo. Hay que destacar que aquellos que pertenecían a las facciones “Castellana” o “Nicolotta” ( ¡¡ y no solamente los gondoleros !!) se tomaban muy en serio el distinguirse con orgullo y con actitud desafiante (no solamente en los combates) con ropas particulares: los Castellani, boina roja y bufanda roja puesta en la cintura, y los Nicolotti, Boina y cinturón negros; incluso sus mujeres se diferenciaban al llevar una marca, una flor, en un lado u otro del corsé, o de otras maneras. Por supuesto, estas animosidades no existían entre los patricios, que vivían en un lado u otro del Gran Canal… no eran tan estúpidos, incluso si por juego apoyaban a una u otra facción, apadrinaban y entrenaban a los equipos de boxeadores…posiblemente para disfrutar de espectáculos en privado. A finales del s. XVII, incluso hubo algunos que se hicieron construir puentes privados de madera cerca de sus palacios, para ofrecer combates de boxeo los días festivos, después del desayuno: uno fue de los Pisani en San Stefano, otro de Giovanni Loredan; pero el Consejo de los Diez puso fín a esta práctica.

Figura 3
  Desde siempre hubo combates sobre los puentes de los canales, al principio puentes de madera, luego de piedra, pero durante mucho tiempo sin parapetos. La parte superior de estos puentes bombeados formaba (y forma aún) una superficie generalmente cuadrada que podía ser utilizada como “ring” para los combates individuales (por supuesto, no se llamaba “ring”, sino la “piazzola” o “pequeña plaza” del puente…la genial resolución  del famoso problema de la cuadratura del círculo, por denominación “ring = círculo, dado a un cuadrado, le corresponde a los ingleses !!).

  Muchos puentes fueron utilizados para las “mostre” y la”guerre” (esta palabra se empleaba para denominar las melé generales, el combate por equipos, dicho de otra manera, la “frotta”, la otra palabra para los combates individuales). Los nombres de diversos puentes nos llegan desde hace varios siglos; en las crónicas nos señalan los accidentes mortales; en las canciones compuestas a la gloria de los vencedores (se encuentran algunas de ellas en los códices Cicogna, por ejemplo el título de una canción a la gloria de los Nicolotti que ganaron el 20 de agosto de 1679 en el puente San Barnabá); o por célebres encuentros  por la calidad de los participantes, como el del lunes 26 de julio de 1574 en el puente de los “Carmini” en presencia del rey de Francia y de Polonia, Enrique III, anfitrión de Venecia. Asistió a la “guerra de los palos” desde el balcón del palacio Foscarini (fig. 1, vista de ese puente y del palacio, sin la muchedumbre).