"El fracaso del Jiu-Jitsu"
Traducido de "El Judo. Su Historia, sus Exitos"
( “Le Judo. Son Histoire, ses Succés”.
Michel Brousse. Ed Liber 1996.
Federación Francesa de Judo y Disciplinas Asociadas).
Traducción: César Gómez
La presentación que Desbonnet hace del Jiu-Jitsu en Francia refleja una imagen contrastada del Japón. El discurso que se hace sobre el método japonés asocia el exotismo y la eficacia. Esta relación entre el Japón romántico o guerrero, la cultura física y el Jiu-Jitsu no es específica de Francia. Existen sistemas comparables en Inglaterra y USA. Presentan a una clientela urbana privilegiada una paleta de actividades entre las cuales el Jiu-Jitsu ocupa un lugar notable. De esta manera, el arte marcial japonés se encuentra asociado a unas prácticas regidas por el modo social de los deportes anglo-sajones. Todo esto da al Jiu-Jitsu un poder verdaderamente distintivo.
El éxito de la empresa reposa, por otra parte, en la asociación entre Desbonnet y Régnier. Rápidamente, esta alianza se ve sometida a la presión de un interés creciente en el que aumentan los riesgos y que afectará a la estabilidad de la disciplina.
Desde 1898 se anuncia en el Casino de Paris un “Campeonato del Mundo” de lucha que hace revivir la pasión del público parisino por este tipo de encuentros. Toda la prensa deportiva se ve implicada en la organización de estos eventos lo que hace que el mercado se dispare y diversas representaciones se organicen en otras salas de espectáculos. Régnier recibe una oferta para efectuar demostraciones y aceptar desafíos del público sobre el escenario de la famosa sala “Folies-Bergère”. Cobra 100 francos cada noche.
Esta situación de “competencia” hace que los luchadores profesionales vean la llegada del Jiu-Jitsu como una intrusión, una pérdida de notoriedad y además, una pérdida en sus ganancias. Su reacción fue rápida, violenta y agresiva. Se organizó un verdadero complot “anti-Jiu Jitsu”, dirigido por Paul Pons, Raoul le Boucher y Witzler.
El 30 de noviembre de 1905, después de su demostración habitual Régnier propuso a los asistentes el venir a medirse con él. Witzler, un luchador profesional, subió al escenario y le agredió rápidamente con un cabezazo. Régnier calló al suelo con la cara cubierta de sangre. La acción fue premeditada e hizo fracasar el espectáculo en el que se exaltaban la habilidad y la inteligencia.
Y por si fuera poco, otro combate anunciado como “excepcional” entre dos instructores de Jiu-Jitsu de Londres, Tani y Higashi, acabó realmente mal. Según un periodista de “La vie au grand air”: “Higashi, cogido por la parte más sensible de su cuerpo (los testículos), resintió un dolor tal que tuvo que abandonar el tapiz por una cama de hospital en el dispensario Henri de Rothschild. Para hacer caer a un hombre arrancándole lo que él solo quiere conservar, no es necesario venir del Japón”
En sólo algunos meses, el intento de implantación del Jiu-Jitsu fracasó. Los practicantes se sintieron engañados por el mito de la elegancia y de la eficacia. Desbonnet se sintió traicionado por Régnier y le juzgó responsable de lo sucedido: “Y en cuanto a Ré-Nié, se dio cuenta demasiado tarde de que los buenos consejeros no son los mejores pagadores y que aquel que siembra el viento recoge la tempestad”.
Los intentos posteriores de Ré-Nié no sirvieron para nada. En diciembre de 1908, con bravura y algo de inconsciencia, desafió a Ivan Padoubny, varias veces campeón del mundo de lucha. El combate es desigual, Padoubny medía 1’83m y pesaba 113 Kg., tenía un perímetro de cuello de 50 cm. y 1’44m de hombros! Prudente, el ruso exigió un combate sin chaqueta de kimono y en secreto, tomó clases de Jiu-Jitsu. A pesar de su coraje Régnier no pudo hacer nada y acabó abandonando, ironía de la suerte, bajo una “llave de tobillo”.
Algunos días más tarde, el japonés Matsuda desafió al gran campeón de Boxeo Sam Mac Vea. El combate fue muy corto. Al día siguiente, los periódicos mostraron la foto del japonés tumbado en el suelo y gritaban la “superchería del Jiu-Jitsu”. El fracaso era definitivo.


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